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17 de diciembre de 2010

Puntos...

Desde la distancia de tantos puntos, sólo encuentro la unión en la línea figurada...

6 de diciembre de 2010

Aquí...


Aquel chico miraba sigiloso al nuevo mundo que se mostraba ante sus dudas. Creía que todo podría estar lleno de esperanzas y aciertos, pero los últimos tiempos comenzaron a traer nubarrones que amenazaban tormentas variadas en casi todos los aspectos. Su animo se convertía día a día más inquieto, más inseguro y una sensación de desasosiego aceleraba su airado espiritu contestatario. Entre los jóvenes crecía una desazón que les llevaba a vivir el "carpe diem", y a perder sus  antiguas aspiraciones. El aquí y ahora se iba convirtiendo en su canto de futuro y sus ilusiones  se restringían a  "disfrutar del momento". El porvenir se escondía entre las espesas y lúgubres nubes que tapaban el cielo nítido de los sueños. Aquí y ahora un nuevo desanimo acribillaba a aquella juventud que perdía el rumbo o no lograba atisbar un nuevo horizonte más claro.

4 de junio de 2010

La vieja gorra...


                                          
No supo encontrar en aquella habitación oscura y bañada en naftalinas el viejo gorro de campaña, que cuando la Guerra de Cuba infló su corazón de ansias de libertades frente a los colonialismos imperiales venidos a menos, no supo encontrarla junto a las oxidadas armaduras de los antepasados que invadieron tantos territorios vitoreando a Santiago y cierra España, ni supo verlo entre las espadas toledanas que se compró hace tanto tiempo para aprender a blandirlas con destreza, no supo descubrirla entre los tirachinas con los que se divertía en sus aventuras en equipo a la caza de tantas especies voladoras o de las que se arrastran en cuatro patas y con  larga cola, en tiempos que matar bichos era toda una hazaña y divertimento, no un crimen ni un delito. Siguió en la espesura de tantos arritrancos del pasado pero no logró hacerse con aquel viejo gorro que tanto le salvó de los soles tropicales y de la voracidad de los mosquitos guerreros, que le acribillaron de noche y de día menos en su cabeza protegida, y no supo encontrar el viejo gorro, pero  logró recordar en la penumbra unos reflejos del pasado escrito con armas, siempre con armas de las que dejan huellas, y a veces, hasta las desaparecen de la historia. Y de repente, en esa búsqueda ansiosa halló y vio ante sí su propia mano,  aquella mano que siempre manejaba los artilugios de guerra y que era en sí misma la primera arma letal que usó para hacer desaparecer a hormigas,  mosquitos y toda especie que se movía que le molestaba o entorpecía  su camino o sus sueños…. Al fin, entre los recuerdos apareció un pasamontañas perdido entre las malezas del cajón, a su lado el viejo gorro de campaña, mugriento y vacío de sueños,  lo miró con alegría, lo colocó en su testa con destreza y retornó a la calle a lanzarse a nuevas hazañas, hazañas de todos los tiempos,  desde aquellos primeros  tiempos de la vida.

6 de mayo de 2010

La Noche (II)


 No podía soportar los latidos de las venas por su cabeza, el embate de aquella sensación de opresión que le apretaba y le mordía. Sus manos heladas y cortantes se aferraron a su cabello y se frotaron en busca de calor y sosiego. Caminó titubeante. Caminó lentamente mientras una leve luz emergía cansina y débil tras unas nubes de algodones de asfalto. Aquella pequeña claridad favoreció que vislumbrase los cipreses del camposanto como si fuesen capirotes penitentes. Un búho voló presto y se fue a colgar de la copa puntiaguda del más alto.  Desde arriba oteaba el entorno al acecho de una presa. Su sonido se escuchó, mientras los ladridos llorosos de unos perros llegaba desde lo lejos presagiando alguna muerte. Se hizo el silencio profundo. No  oía  los latidos de su corazón, ni el leve respiro del miedo. Sintió un horror descomunal como el pánico de la oscura noche.
No sabía qué hacer. No sabía cómo continuar y salir del angosto miedo que inundaba su cuerpo  y su alma erizada. Se sentó como pudo sobre una piedra  tirada junto a otros  restos del viejo molino. Miró al cielo que seguía opaco como manchones de tinta china. No pudo más. Su vida peligraba. El frío intenso, el pánico atroz que tenía metido en todo su cuerpo aceleraba su desesperación. Cayó rendido como un perro famélico, dando vueltas sobre sí mismo hasta que logró tumbarse y, al fin, encontrarse  en un nuevo sueño.  
     

3 de mayo de 2010

La Noche (I)


 Nunca pudo sospechar que en la noche dejarían de brillar las estrellas y mostrarían aquel firmamento sin destellos. Caminó sonámbulo entre las casas oscuras como cuervos engalanados por sus atuendos sin luz. Caminó a su paso entre las  piedras oscuras que pisoteadas clamaban canciones de dolor y angustia.
No dejó de mirar alguna vez hacia atrás, temiendo que una señal oculta entre la negritud del silencio se asomara de repente y encandilase su miedo. Un gato azabache y negro maulló con el sonido chillón de un crío golpeado, brincó como un lince hacia el muro donde los verodes se aletargaban a la espera de otra mañana llena de soles. 
Y sobre aquel muro tiznado como el carbón, una pequeña cruz de madera crujió con un chirrido hiriente que ahuyentó cualquier rastro de sombras. Él continuó, perdido en el marasmo de su duda, se acercó al borde del barranco por el que  bajaban las turbias aguas desde las cumbres gélidas. Sintió que su sangre seguía fluyendo con otro ritmo  lento y frío. El ruido saltarín de la corriente sobre las rocas y el arrastre de tantos escombros y miserias le llevó a una pasión llena de engaños.

10 de junio de 2009

Breves...

Siempre quedan caminos para las sorpresas.


Caminé por senderos reales de otros tiempos, hoy llenos de asfalto. Aparecieron recuerdos del ayer (una casa de 1503). En estas tierras es bastante cercano a los nuevos inicios...


Y tras el recorrido solo encontré el vacío y el dolor de las distancias...